Nori Dedonegro

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Nori Dedonegro
Imagen de Nori Dedonegro
Género

Masculino

Raza
Ocupación

Herrero

Estado

Fallecido (posiblemente)

Allegado(s)

Eli Dedonegro (hijo)

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Esta entrada recoge información sobre cómics de la serie World of Warcraft.

Nori Dedonegro fue un maestro forjador de armas enano que vivió en el Puesto del Torio en La Garganta de Fuego y en Bahía del Botín. Sus armas eran de tal calidad que guerreros de todos los rincones de la tierra lo visitaban.

Historia[editar | editar código]

Se sabe que los herreros de la Hermandad del Torio son conocidos como los mejores forjadores de acero y hierro, capaces de fabricar armas legendarias. Nori destacaba por su talento por encima de los demás. Llevar su emblema en la empuñadura de una espada era garantía de victoria sobre todo hombre o bestia en el campo de batalla. Sus armas eran prácticamente indestructibles y recibía la visita de guerreros de toda la tierra. Pero a medida que crecía su fama, crecía su codicia.

Nori viajó a la ciudad portuaria de Bahía del Botín donde montó un taller y en un par de semanas ganó el doble de lo ganaba en un mes en la Garganta. Nori no discriminaba a nadie, vendía sus armas sin importar quien sea, siempre que tenga oro con qué pagar. Nori se volvió un enano adinerado y abrazado al libertinaje. Nori tenía un hijo: Eli Dedonegro, cuya madre falleció cuando Eli nació por lo que Nori tuvo que ejercer de madre y padre para él. Viendo el éxito de su negocio, mandó buscar a su hijo, quien pronto se reunió con su padre. Sin embargo, Eli era muy diferente a él: quería viajar por el mundo y vivir aventuras.

Un día, Nori le vendió un arma a un elfo de sangre que servía a Caos el Cruel, un asesino y ladrón buscado por la justicia. Eli indignado enfrentó a su padre por esta acción pero como siempre, "Nori no discriminaba a nadie". Al día siguiente, Eli le contó a su padre que se marchaba a Villa del Lago para proseguir su camino. Aunque Nori le rogó para que se quede, ambos terminaron discutiendo y furioso, Nori le quitó el arma a su hijo, dándole a cambio una espada muy mala. Le dio la espalda y Eli se marchó. Pasaron muchas lunas sin que supiera nada de Eli, pero en el fondo se preguntaba dónde podría estar y si se encontraba bien.

La última vez que lo vio, su hijo Eli había muerto. Un granjero, que había llevado su cadáver a Bahía del Botín, le contó a Eli que su hijo le había salvado la vida de una emboscada de Caos, el bandido a quien le había vendido un arma. Aunque Eli logró deshacerse de los secuaces, el propio Caos lo mató, tras haber roto en pedazos su espada en mal estado. Esto cambió para siempre a Nori, sintió que todo había sido su culpa. Nori forjó una última espada, tal vez la mejor espada que había hecho jamás. No obstante, no vendería esta arma sino que la empuñaría él. Nori partió en busca de todas las armas de muerte y destrucción que había forjado con el propósito de destruirlas. En el transcurso de tres años, Nori recuperó sus armas, ya sea mediante transacciones pacíficas o con sangre y violencia. Se deshizo de ellas a falta de una: la que le había vendido a Caos.

Eventualmente, Nori lo encontró, lo sedó y mató al resto de secuaces que lo acompañaban. Ató al orco al árbol y le contó su historia. Entonces el enfrentamiento final se dio: Le entregó el arma a Caos mientras que él luchó con la misma arma que empuñó su hijo. Ambos lucharon en un sangriento y fatal duelo con Nori resultando victorioso. Aunque estaba herido, Nori se sentó, prendió su pipa y fue engullido por el fuego.[1]

Referencias[editar | editar código]